Machos Descartables
Un estándar masculino, según mi popia definición, es la respuesta positiva de los hombres a los estereotipos actuales... ser tal como lo exige el mercado, los medios y las imposiciones transculturales. Ese Ken que enloquece a Barbie, ese espécimen que nos topamos en la calle, la oficina o el autobús y nos lleva a pensar que se ha escapado de un comercial, o de una telenovela. Así como las cirugías estéticas han clonado a muchísimos rostros femeninos, las largas sesiones de gimnasio han impuesto físicos semejantes a nuestros machos. Y tienen abdominales tan marcados que más que nuestra admiración provocan nuestra envidia. Para estos tiempos de verano su bronceado es casi perfecto, la ropa y los lentes para el sol de marcas internacionales y, si su estado financiero lo permite, sus autos suelen ser los más modernos. Claro que te llevan a boliches de onda, a restorán lujosos y a los mejores moteles. Por supuesto que hay versiones moderadas, cuando su bolsillo no está apto para semejante despliegue. Charlas superficiales, poca política, menos literatura y música de la que suena en Fm, por allí transita la noche con ellos.
Y a la hora del sexo... Convencional, breve y opaco, en sintonía con sus cerebros. Para las chicas plásticas suele ser el modelo elegido, también para madres actuales que consumen mucha revista de interés pasatista y mucho libro de autoayuda. Hombres de los que no se aprende nada, sólo a ser esclavo de las apariencias. Para nada protectores, sensibles, cultos y amorosos. Un ejemplar masculino tan descartable como la cera depilatoria.

